lunes, 12 de agosto de 2019

el fantasma de la pulchra leonina

Escucha 'el fantasma de la Pulchra Leonina' en ivoox

Margarita se ha levantado hoy a las cinco y media de la mañana, ha saltado de la cama y se ha metido directamente bajo el chorro de agua fría de la ducha que la ha terminado de despejar. Un rápido desayuno y allá va, escaleras abajo, sin esperar al ascensor.

Margarita estudió un módulo de turismo el año pasado y lo ha compaginado con otro de restauración de bienes artísticos impartido por la afamada Escuela de Artes de León. Ha destacado sobradamente en su promoción, por lo que ha sido contratada recientemente como guía oficial de la catedral, para apoyar la plantilla de verano que en estos días de alta demanda se encuentra absolutamente desbordada.

Conoce León y la historia de la catedral como la palma de su mano, pero sabedora de los mil misterios que esta encierra, se ha decidido a solicitar un permiso especial al cabildo, para abordar un estudio exhaustivo . Es un permiso que se concede en muy raras ocasiones, los miembros del comité de aprobación son conservadores y reacios a dar carta blanca al primero que se presenta. Hoy, a las 9 de la mañana, el tribunal de expertos que ha valorado durante tres largos días su informe, ultimará la decisión en esta entrevista definitiva.

Con los nervios a flor de piel, ha mantenido valientemente casi dos horas de inquisición, de preguntas y respuestas. Los tres miembros del tribunal, por unanimidad, han accedido a mecenar su proyecto, han concedido a Margarita un pase especial que le da paso franco a cualquier zona del complejo catedralicio, unido a un voluminoso manojo de llaves y a un pequeño teclado electrónico que controla todos los sistemas de seguridad, para que en su libre deambular a cualquier hora del día o de la noche aquellos no empiecen a lanzar avisos de alarma a la centralita de seguridad, ni a la policía.

Ha decidido comenzar sus investigaciones por las noches, justo después de que los ríos de visitantes ruidosos y molestos, son invitados a abandonar el templo por el personal que atiende a los turistas, y un poco después de que el último de los trabajadores se marcha para su casa.

Y entonces comienza Margarita, siempre con un paseo muchas veces sin rumbo, en semipenumbra, para acostumbrar sus sentidos a la oscuridad sólo profanada por una potente linterna de led que lleva ceñida en su frente, y para acondicionar su espíritu al silencio y al estudio.

Es difícil compaginar su trabajo diario con estas horas nocturnas robadas a la fortaleza y entusiasmo de su juventud, pero la ocasión lo merece. Es su sexta noche aquí y el cansancio empieza a hacerse notar. De pronto, por el rabillo del ojo, algo en las alturas llama su antención. Una sombra se desplaza sigilosa por el pasillo del primer piso, justo bajo las vidrieras de la fachada norte. Levanta la vista alarmada. En efecto, claramente recortada por la tenue luz que emite la luna en creciente, contra el muro de colores azulados del panel de vidrieras, una sombra humana deambula agazapada hacia la cabecera, donde desaparece justo al comenzar la curva del ábside.

— ¿Un ladrón? ¡Imposible! — la estancia está barrida por sensores de todo tipo que saltarían las alarmas incluso si de un pequeño pajarillo se tratase. Aun así  ha echado a correr hacia la escalera de caracol de la torre norte para acceder a la primera planta, en su persecución. Sube la escalera saltando de tres en tres los escalones, bien pegada a la pared derecha. La voz de su profesor de historia, que amenizaba las clases con toda clase de anécdotas y chascarrillos, resuena en su cabeza "—¿sabíais que todas las escaleras de caracol en torres y fortalezas están construídas como una espiral levójira a izquierdas, de forma que se asciende siempre dejando el muro en nuestro lado derecho?, pues bien, esto es así para que en caso de un ataque, el guerrero asaltante ve sus movimientos entorpecidos, porque no puede sujetar su espada de combate ni mover libremente el brazo derecho, que no hace más que chocar con el incómodo muro, mientras que el defensor goza de total libertad de movimientos porque su lado derecho da al vacío, sin mencionar además la ventaja de que ataca con maldobles multiplicados por la altura de cuatro o cinco escalones más arriba, lo cual es una ventaja considerable en la defensa ... —"

— No tengo otras armas que mis manos, pero serán suficientes si te alcanzo— piensa, palpitando su corazón como una locomotora, bombeando adrenalina a todos sus músculos.

Cuando llega a mitad del corredor se detiene un momento. Allí está, al otro lado del ábside, sobre la capilla de San Antonio. Está señalando con el brazo extendido hacia abajo. — Sabe que le sigo, pero ¿qué señala?— Al dar la vuelta por el abside las columnas entorpecen su visión y cuando llega al punto en que le vió hace unos segundos, ¡ya no está!. Al bajar la vista ve una figura sentada en el banco corrido de la pared, inclinada como si mirase algo sobre la piedra. Otra carrera por el pasillo de la fachada sur, tras unos minutos... no hay nadie. Alza la vista furiosa de rabia y frustración hacia las vidrieras... Esta vez juraría que la figura de Simón el Mago, en el vitral frente a ella, ha cerrado y abierto los ojos. — Díos mío, me estoy volviendo loca—

Con el teléfono en su mano, a punto ha estado de marcar el número de la central de seguridad, pero también tendría que relatar el guiño de Simón, además, ningún sensor ha detectado la presencia de nadie en la catedral, es imposible ¿quién la iba a creer?. Confusa y derrotada física y mentalmente, sale a la calle mientras apaga el inhibidor que permite su sóla presencia en el interior del templo. — Ay, necesito descansar — Por suerte, mañana es lunes y es su día de descanso.

***

Durante toda esta semana, noche tras noche, han sucedido cosas: primero los hombres verdes cuyas caras asoman entre el follaje de las vidrieras bajas, que representan el mundo natural, han sacado sus lenguas verdes y la estuvieron haciendo burla, pero sólo los que estaban al lado del que ella observaba directamente, como esas ilusiones ópticas en que se mueven los puntos, excepto al que miras. A media semana todas las figuras de un vitral de profetas del antiguo testamento han estado animados entablando una conversación entre ellos, mirándola de reojo como si estuviera loca. En el propio rosetón, el que deja entrar la última luz de poniente, algunos ángeles han dejado de tocar las trompetas y la han dedicado alguna pedorreta, con los mofletes hinchados como el pellejo de una gaita. Por supuesto, la sombra de dos hombres la ha acompañado todas estas noches, invariablemente, siempre acaban sentados en el mismo lugar, en el banco de piedra frente a la capilla de San Antonio. Nunca ha podido acercarse a menos de diez metros de ellos, siempre desaparecen como por arte de magia.

El domingo por la noche es luna llena, Marga está sentada en uno de los bancos del trascoro, la mitad de los tubos del órgano suben hacia el cielo como todo parece ascender en este lugar, la otra mitad a su espalda, aguardando con paciencia a que un maestro organista los haga sonar como las mismísimas trompetas de Jericó, y llenen el templo de notas, arpegios y acordes, casi ensordecedores, que cuando callan aun resuenan en el alma de los cientos de personas que acuden durante la temporada de conciertos de septiembre a noviembre. Entre sus manos una reflex Nikon montada con un teleobjetivo de 300 mm y lista para capturar cualquier cosa que salga de lo normal. Necesita pruebas para demostrar su cordura, si se le ocurre relatar cualquier cosa de las tantas que ha visto le quitarán sin duda no solo su privilegiado permiso de estudio, sino quiza su propio trabajo de guía.

Hoy parece que saben que lleva una cámara, no la han hecho burla ni abandonan sus poses eternas de vidrio de colores, ni soplan gaitas, ni le muestran obscenamente sus genitales los viejos grabados en la madera de los bancos del trascoro, donde ahora los enfoca, y los provoca para que lo repitan. Malditos duendes, pellejeros, pendencieros y bromistas pesados. Los que sí han hecho acto de presencia son los dos hombres, que se sientan a charlar animadamente, en el mismo punto en el banco de piedra, noche tras noche.

Se desliza con todo el sigilo posible sobre la capilla. Desde la distancia, agazapada en la galería del primer piso, oculta en la semipenumbra, aguarda pacientemente disparando en silencio fotografías a la pareja. Son las seis y diez de la mañana y el sol naciente empieza a asomar por levante. Al cabo de pocos minutos el primer rayo de sol entra directos por las ojivas del vitral e ilumina claramente a los dos canteros, sus macetas y punteros a un lado, están moviendo fichas redondas de colores sobre el banco de piedra, por turnos, están jugando al tres en raya. Marga les increpa — eh, vosotros dos —, los hombres miran sonriendo hacia arriba, y Marga dispara la última ráfaga. — ya os tengo —

Cuando ha llegado a casa con los nervios a flor de piel y la excitación del éxito asegurado, ha encendido su ordenador, ha volcado las fotos y ha abierto el programa de visualización. Ninguna fotografía muestra a los dos hombres burlones, mirando directamente a su cara en claro desafío. Después de ampliar y rastrear cada pixel de las imagens sólo unas marcas en la piedra, en forma de tablero de tres en raya, quedan como testigos silenciosos de lo que allí ha ocurrido.

***

Dos años después Margarita ha publicado un libro de éxito que desgrana cada leyenda, cada mito, cada historia escondida tras las viejas piedras. No hay mención a un descubrimiento que hizo poco después de los acontecimientos, en el archivo catedralicio, donde en elegante letra inclinada se recojen dos sanciones que el maestro cantero aplicó a dos de sus aprendices, los cuales fueron pillados en dos ocasiones holgazaneando y jugando a tres en raya sobre un banco de piedra frente a la capilla de San Antonio, justo en el lugar donde el primer rayo de sol entra por las mañanas. Ambos fueron expulsados del gremio.

domingo, 4 de agosto de 2019

pulchra leonina. leyendas

Escucha 'leyendas de la pulchra leonina en ivoox

La construcción de la Catedral de León se inicia en 1205 pero es inmediatamente interrumpida por problemas de cimentación. Se reinicia en 1253 y acaba de subir al trono de Castilla y León Alfonso X El Sabio, durante cuyo reinado florecieron todas las Ciencas y las Artes. Mientras se levantan estos muros el rey componía en lengua romance sus famosas Cantigas de Santa María. Se concluye su construcción en apenas 50 años, hasta el año de Nuestro Señor de 1301. La Catedral de León ha sido fuente inagotable de enigmas, misterios y leyendas desde el momento mismo de su construcción, algunos de los cuales siguen cerrados herméticamente al estudio de expertos, arquitectos, historiadores, científicos e investigadores.

el contexto histórico

Hasta el siglo X, y ya desde la caída del Imperio Romano, Europa estaba sumida en una profunda crisis. Comienza entonces a desarrollarse el estilo arquitectónico Románico, construyendo iglesias de pesadas bóvedas de piedra. Para soportar semejante peso los maestros tenían que levantar muros gruesos sin apenas ventanas y con enormes contrafuertes, resultando así un estilo sólido y macizo. Se generaliza la construcción de iglesias rurales y monasterios a lo largo de todo el siglo XII. Paralelamente las ciudades crecen y proliferan los gremios de artesanos y comerciantes, de los que nace una nueva clase social, la burgesía. Y con ella una nueva cultura más urbana, luminosa y llena de bullicio y vitalidad. Europa entra en un momento de plenitud cultural.

Entonces, en el ámbito arquitectónico, los maestros constructores descubren que no es necesario construir bovedas tan pesadas y que bastaba con cruzar unos arcos de piedra y luego rellenar los espacios con materiales más ligeros. Surge la bóveda de crucería que, junto con el arco ojival, revolucionan el panorama constructivo, y dan lugar al estilo gótico.

Surge en el norte de Francia, en los entornos de Paris, y pronto se extiende por toda Europa. Los muros góticos pueden ser mucho más altos y livianos, los ventanales mucho más amplios, los edificios se estiran, se agrandan y se llenan de luz. El nuevo estilo es grandioso y parece no tener límites. Las ciudades europeas compiten por tener el templo más grande y perfecto ad maiorem dei gloriam, para mayor gloria de Dios.

Tras la victoria de las Navas de Tolosa en 1212, en el que se desmorona el poder musulmán, se produce en los reinos cristianos un ambiente de euforia muy beneficioso y es entonces cuando se levantan las primeras catedrales góticas en Toledo, Burgos, León...

el topo

Una de las más populares y conocidas es la leyenda del topo de la catedral, que destruía por la noche lo que los maestros constructores levantaban durante el día. Tal fue el dolor de cabeza y quebranto que causó el maldito topo que, hartos de él, le tendieron una trampa en la que después de varios días, al fín cayó, y como prueba y para conocimiento de generaciones venideras colgaron su pellejo por el interior de la puerta de San Juan, la de la izquierda según entras, para escarnio y mofa del visitante atento, para que pudieran maldecir a aquel que tanto daño causó. Esa zona suele estar en penumbra, por lo que deberás acostumbrar tu vista antes de poder localizarlo.

Así de esta forma piadosa y un tanto tramposa, los maestros constructores y arquitectos afamados de aquella época, tuvieron a bien usar al topo como cabeza de turco y tapar así los errores de sus cálculos, soberbios emprendedores que se empeñaron en levantar un templo tan magnífico, sin apenas paredes, que sustituyeron por vidrio y luz, usando como cimientos las ruinas de otras construcciones sucesivamente superpuestas en el tiempo. Las termas romanas intramuros de la Legión VII Gémina, asentada en León para el control de los molestos pueblos celtas del norte y para garantizar el suministro de oro y mineral de hierro, para mayor gloria y esplendor de Roma. Luego en 916, tras vencer al ejército árabe, Ordoño II, uno de los reyes más emblemáticos del Reino de León,  cede su palacio real para la construcción de la catedral románica.

La inestabilidad de aquellos antiguos cimientos no dio más que problemas y derrumbes que no hacían más que retrasar la conclusión del edificio. Y ¿sobre quien cayó la culpa de tan inexcusables retrasos? Sobre el pobre topo.

Aun hubo que esperar a los recientes años 90, cuando la propia Universidad de León se pronunció y dio a conocer que el pellejo del legendario topo era el caparazón de una tortuga laud, de la que no se puede explicar la procedencia ni tampoco hay registro de quién y por qué la colocó allí.

Más aun, la obstinación por construir sucesivamente en el mismo lugar de una forma tan sistemática y obsesiva, pudiera explicarse por la presencia de un punto telúrico, un lugar que presenta corrientes electromagnéticas que hacen de este emplazamiento un enclave excepcional, y que incluso dicen que se conecta con otros puntos análogos donde se levantan otras catedrales especiales, como la de Notre Dame o Nantes en Francia.

las vidrieras

Otro de los misterios sin resolver procede de lo que más fama ha dado a este templo, las vidrieras. Los muros de piedra macizos, pesados y opacos han sido sustituídos por millares de pequeños cristales coloreados y emplomados, cuya magia envuelve al visitante, creando un ambiente de pura energía, de pura luz, elevando hasta casi el cielo, un edificio que parece mismamente que flotara en el aire.

Son 1800 metros cuadrados de vidrieras que forman el conjunto más espectacular de la Europa Medieval, junto con el de la Catedral de Chartres. La arquitectura está formada por tres pisos, según el modelo de las catedrales francesas. Todo en esta catedral parece que lleva a Dios, y ese fue el propósito de sus constructores: traer a la tierra una imagen del mundo divino. Para conseguirlo llevaron hasta el límite las posibilidades que ofrece esta piedra blanca, caliza, que procede de las canteras de Boñar, desafiando con audacia las leyes de la gravedad. Pero aquellos maestros emplearon un elemento más elocuente que la piedra para hablar de Dios: la luz, que transfigura y transforma todo en su interior. Es una auténtica transmutación de la materia, y este hecho conecta este edificio cristiano con la alquimia, que también buscaba la transmutación de los elementos y, más concretamente, la conversión de cualquier elemento en oro.

Tenemos que imaginar estas catedrales durante la celebración de la eucaristía, con las naves abarrotadas de fieles, pues es entonces cuando el esplendor de la liturgia da a la catedral su sentido mas transcendente- Además, debemos comprender el papel que juega el sol en el programa iconográfico de las vidrieras. Como en casi todas las iglesias de la antiguedad, la catedral orienta su cabecera hacia el este, de tal forma que los primeros rayos del sol atraviesan las vidrieras centrales del abside. Allí se representa la liturgia del arbol genealógico de Cristo, la Luz Verdadera, que brilla en la historia para iluminar a los hombres y rescatarlos del pecado y de la muerte. La única luz salvadora que aparta las tinieblas. Según avanza el día, el sol va recorriendo las vidrieras por el costado sur, donde están las grandes imágenes: apóstoles, obispos, vírgenes y mártires, cuyas vidas están iluminadas por la Luz de Cristo, que las transforma como si fueran piedras preciosas. En cambio, los ventanales del lado norte no reciben nunca la luz del sol directamente, al tener menos luz son más oscuras, allí están los profetas y personajes del Antiguo Testamento, el diluvio universal, Moisés, Sansón y Dalila, que vinieron al mundo antes del nacimiento de Cristo, que no conocieron su luz, pero avanzan hacia ella, hacia la salvación, en el oriente, por eso fueron realizados en tonos azules y fríos. El sol juega con la catedral como si en su recorrido fuera despertando a todas sus criaturas, y les da vida para participar en esta gran celebración celestial.

Pero también están representados temas y situaciones mundanas, escenas de caza, nobles y reyes. Y en medio de todas estas aparece Simón el Mago, referido en el capítulo 8 de los Hechos de los Apóstoles en el Nuevo Testamento, donde se relata que Simón, un mago de Samaria, ofreció dinero a los apóstoles Pedro y Juan a cambio del poder de transmitir el Espíritu Santo, proposición que ambos discípulos rechazaron escandalizados. De esta propuesta de Simón el Mago deriva la palabra "simonía", que designa el pecado que se comete al pagar para obtener prebendas y beneficios eclesiásticos.

Se dice que Simón exhibía sus poderes mágicos en Roma, volando ante el emperador Nerón para probar su condición divina. Los apóstoles Pedro y Pablo rogaron a Dios para que detuviese el vuelo, y Simón paró en seco y cayó al suelo, donde acabó sus días apedreado. Para la antigua secta gnóstica simonianista-simoníaca, Simón el Mago era un dios en forma humana, un competidor directo del Hijo de Dios hecho hombre, Jesús de Nazaret. Resulta cuanto menos chocante que semejante individuo tenga su imagen representada en las vidrieras de más renombre de Europa.

Más aun, algunas de las vidrieras más luminosas son en las que se utilizó amarillo plata, un compuesto que ya se conocía antes y que es el resultado fallido de intentar convertir nitrato de plata en oro. De nuevo una conexión con la alquimia y, por si fuera poco, en una de las vidrieras de la fachada sur aparece representado un alquimista con su matraz de laboratorio.

las vírgenes

La catedral está dedicada a Santa María de Regla y en su interior se venera también a otras cuatro vírgenes en sus respectivas capillas. Pero quiso el destino que una imagen de autor anónimo, la de la Virgen Blanca, presida la capilla central del ábise, y una magnífica réplica de la misma de Andrés Seoane en la Puerta del Juicio, en el pórtico principal, construida en piedra blanca indicando la pureza de la virgen, y pisando a un dragón haciendo alusión a su concepción inmaculada.

La cuarta capilla en el ábside, según se pasea por la parte derecha de la girola, es la de la Virgen de la Esperanza y alberga una de las pocas tallas de la virgen María en avanzado estado de embarazo. Este era el lugar en el que los maestros canteros se reunían cada 28 de diciembre para celebrar su aquelarre y entraban en el altar sobre un macho cabrío, símbolo pagano de fertilidad.
Esta Catedral tiene más cristal que piedra,

más luz que cristal, y más fe que luz.
Juan XXIII