lunes, 16 de diciembre de 2019

relativity, el mundo de Escher


Maurits Cornelis Escher (1898-1972), el artista holandés que construye mundos imposibles, que juega con las dimensiones engañosas de los objetos y las transformaciones hasta la obsesión.


Entre sus obras más importantes, Relativity, Ascending and descending, Hand with reflecting sphere, Waterfall, Belvedere,… y otros casi 500 grabados y más de 2000 dibujos. Como curiosidad y, al igual que Leonardo da Vinci, Escher era zurdo y esta singularidad parece que se transmite a sus inquietantes y retorcidos esquemas; un cerebro capaz de imaginar y engañarte con la perspectiva de formas inimaginables no puede pertenecer más que a un genio.

En el siguiente video puedes ver una composición en 3D de Relativity, tres secuencias de cámara desde distintas perspectivas y recorridos. En la tercera, hacia el minuto cuarenta y cinco segundos, desintegraremos a uno de los habitantes de esta curiosa escena. Un trabajo de chinos de modelar en Blender porque hay escaleras hasta hartarse, con tres puntos de fuga distintos. Son días de trabajo en este escenario. Ah, la chica que acompaña a uno de los habitantes de Relativity es un modelo de la mismísima Lara Croft.

Es el mismo escenario endiablado y laberíntico en el que Sarah recupera a su hermano Tommy de las garras de Jareth, el rey de los Gobblins en la película Labyrinth, y que puedes ver si buscas en google 'no tienes poder sobre mí'
Sarah: Give me the child.
Jareth: Sarah, beware. I have been generous, up until now. But I can be cruel.
Sarah: Generous? What have you done that's generous?
Jareth: Everything! Everything that you wanted, I have done! You asked that the child be taken - I took him. You cowered before me - I was frightening. I have reordered time, I have turned the world upside down, and I have done it all for you! I am exhausted from living up to your expectations of me. Isn't that generous?
Sarah: Through dangers untold and hardships unnumbered... I have fought my way here to the castle beyond the goblin city... For my will is as strong as yours... and my kin-
Jareth: Stop! Wait. Look, Sarah, look what I'm offering. Your dreams...
Sarah: And my kingdom as great...
Jareth: I ask for so little. Just let me rule you, and you can have everything that you want.
Sarah: Kingdom as great... damn... I can never remember that line.
Jareth: Just fear me, love me, do as I say, and I will be your slave!
Sarah: My kingdom as great... my kingdom as great... You have no power over me! ...You have no power over me.
Si no habías oído de él, te apremio a que busques en internet, te fascinará su obra.

el hombre pez

«Su proeza atravesando el océano del norte al sur de España, si no fue verdad mereció serlo», reza una placa ubicada junto a la orilla del río Miera en Liérganes (Cantabria) que recuerda la mítica historia de Francisco de la Vega Casar, más conocido como el hombre pez.

Su relato se remonta a mediados del siglo XVII, en la víspera del día de San Juan del año 1674. En Liérganes vivía un matrimonio formado por Francisco de la Vega y María de Casar con sus cuatro hijos, el segundo de los cuales se llamaba Francisco. «Era bastante listo, pero abandonaba todas sus ocupaciones para zambullirse en el río, en el cual pasaba horas y horas», relataba el alcalde de Liérganes a Carlos Vieyra de Arreu y éste recogió en 1884 en La Ilustración Española.

«Desesperada la madre, lo encontró un día al tiempo en que, dejando las ropas en la orilla, se disponía a darse uno de los baños que solía. Le llamó, le advirtió que le castigaría duramente si se metía en el agua; y viendo que nada conseguía, lo maldijo diciéndole: "Así te vuelvas pez"», continuaba el alcalde. En la web del Ayuntamiento de Liérganes nada señalan de esta advertencia y cuentan que se fue a nadar con unos amigos al Miera, «se desnudó, entró en el agua y se fue nadando río abajo, hasta perderse de vista». Era un excelente nadador y sus amigos no temieron por él hasta unas horas después. A ver que no regresaba acabaron dándole por muerto.

Cinco años después, en 1679, un ser acuático extraño con apariencia humana se apareció a unos pescadores en la bahía de Cádiz, pero desapareció cuando éstos se acercaron. Así sucedió varios días hasta que finalmente los pescadores le atraparon con las redes, tras arrojarle pedazos de pan. Cuando lo subieron a cubierta, «comprobaron con asombro que era un hombre joven, corpulento, de tez pálida y cabellos rojizo y ralo» cuyas únicas particularidades «eran una cinta de escamas que le descendía de la garganta hasta el estómago, otra que le cubría todo el espinazo, y unas uñas gastadas, como corroídas por el salitre», relatan en el Ayuntamiento de Liérganes.

Le hablaron en varias lenguas, pero nada respondió. El joven fue llevado al convento de San Francisco, donde al cabo de unos días pronunció una palabra: «Liérganes». Nadie entendía a qué se refería hasta que un cántabro comentó que en su tierra había un pueblo así llamado, algo que confirmó el entonces secretario de la Inquisición, Domingo de la Cantolla. Desde Liérganes les llegaron entonces noticias de la desaparición de Francisco de la Vega cinco años atrás.

El fraile Juan Rosende acompañó a De la Vega a Liérganes en 1680, donde su madre y sus hermanos lo reconocieron de inmediato. Durante dos años vivió con ellos tranquilo, aunque sin mostrar interés por nada y rehuyendo el trato humano. Gaspar Melchor de la Riba Agüero, caballero de Santiago y vecino de Gajano que decía haberle visto muchas veces, relataba cómo «andaba siempre descalzo y lo mismo le daba ir vestido que desnudo. No solicitaba la comida, pero si se la ponían delante o veía comer, comía y bebía mucho de una vez y después, en tres o cuatro días no volvía a comer» y solo decía «tabaco», «pan» y «vino».

«Cuando le vi por primera vez ya no tenía escamas, sólo mucha aspereza en el cutis y las uñas muy gastadas», añadía De la Riba, según recogió la revista « Alrededor del Mundo» del 12 de marzo de 1913. «Este caso fenomenal está tan bien probado que no se puede dudar de él: lo testifican personas de reconocida ilustración y virtud, que lo vieron unos, lo trataron otros, lo examinaron muchos; y entre éstos figuran tres caballeros de mucho honor, testigos de vista, que fueron D. Joseph de la Torre, ministro de la Real Audiencia de Oviedo; D. Pedro de la Torre, penitenciario de la catedral de la misma ciudad, y D. Diego de la Gándara Velarde», añadía esta publicación que señalaba que el hombre pez pasó en Liérganes «de nueve a diez años» y después desapareció definitivamente sin que se volviera a saber de él.

Benito Jerónimo Feijóo (1676-1764) realizó en su obra «Teatro crítico universal» un « Examen filosófico de un peregrino suceso de estos tiempos» sobre este caso «tan exorbitante del regular orden de las cosas, que no me atrevería a sacarle a la luz en este Teatro, y constituirme fiador de su verdad, a no hallarle testificado por casi todos los moradores de una Provincia, de los cuales muchos, que fueron testigos oculares, y dignos de toda fe, aún viven hoy».

La historia relatada por Feijóo contaba, sin embargo, con algunas diferencias. Francisco de la Vega y Casar había desaparecido en la víspera de San Juan de 1674 en la ría de Bilbao, donde había sido enviado a los quince años por su madre ya viuda para aprender el oficio de carpintero.

«Todo lo que viene referido es la verdad del hecho, según relación de sus hermanos, el Sacerdote Don Tomás, y Juan, que vive; y todo lo que separe de este hecho es falso, como lo es el decir que tenía escamas en el cuerpo, y que este prodigio procedió de una maldición que le echó su madre», añadía según la relación remitida por el marqués de Valbuena, Gaspar Melchor de la Riva Agüero. Don Pedro Dionisio de Rubalcaba, natural de Solares, «que también trató muy de intento a nuestro Nadante», informó de que cuando llegó a Santander tenía escamas, pero luego se le cayeron y que «también algunos equivocarían el cutis áspero de algunas partes de su cuerpo con piel escamosa», según el relato de Feijóo.

Éste aún añadía que tras su desaparición «dicen que poco después le vio en un puerto de Asturias un hombre de la vecindad de Liérganes, pero carece de fundamento».

« Nuevo Mundo» daba cuenta en 1919 de la historia del hombre-pez de Liérganes aportando notas de color, como que decían que fue visto en la costa de Dinamarca por un navío holandés y apareció en el Canal de la Mancha y en el Puerto de Santa María antes de ser apresado en la bahía de Cádiz. La versión más auténtica y documentada, añadía C.R. Salamero en la revista, es la que compuso en 1748 el cura de Liérganes, D. Fernando Antonio del Hoyo Venero, de la cual existe una copia en el Museo Británico. Y eso que en ella el cura narra entre otras hazañas la lucha del hombre pez con un monstruoso congrio.

Gregorio Marañón estudió estos relatos y estimó que Francisco de la Vega no desapareció nadando, sino que probablemente se embarcara en Vizcaya rumbo a Cádiz y que cuando lo encontraron estaría bañándose tal como acostumbraba. Para el doctor Marañón, sería un probable caso de cretinismo. Los cretinos resisten mejor debajo del agua y su piel escamada indicaría una ictiosis, como ya indicó José María Herrán Valdivieso en «El hombre-pez de Liérganes» (Santander, 1877).

«Verdad o leyenda», la «mayor hazaña» del hombre-pez, según la placa que Liérganes colocó junto a su estatua, «es haber traspasado los siglos en la memoria de los hombres».

martes, 10 de diciembre de 2019

debajo de la cama

Escucha 'debajo de la cama' en ivoox

— ¡Papa! No puedo dormir… —

— Vamos, Cristina, es muy tarde y mañana tienes que madrugar para ir al cole. ¿Qué pasa? — Iba diciendo por el pasillo, con un vaso de agua en la mano para ahorrar el viaje, porque supuse que a continuación vendría —papá tengo sed. —

— Papá, hay alguien debajo de la cama. —

Me quedé petrificado, medio vaso de agua derramado por el suelo. Me precipité al cuarto de Cristina y encendí la luz en el preciso momento que una mano huesuda salía de debajo de la cama… desapareciendo de la vista casi en el instante mismo de encender la luz. Cogí a la niña en brazos y la llevé a mi cama.

— Duérmete cielo, que ahora mismo vengo contigo… y no apagues la luz — dije, intentando aparentar tranquilidad. — Ten, bebe un poco de agua. —

A continuación fui al cuarto de Cristina, cerré la puerta, me tumbé en la cama y apagué la luz…

— ¿Por qué has roto el trato? ¿Qué pretendes? — dije en tono firme, simulando un aplomo que sentía cómo me abandonaba a cada momento.

— Me muero de hambre, necesito comer. —

La voz, casi un siseo imperceptible, me heló la sangre.

— No a mi hija. Regresa a tu mundo. —

— Sabes que no puedo, estoy atado al tuyo… Dime, ¿cómo lo vas a impedir? No puedes estar vigilando el resto de tu vida.

Vinieron a mi mente recuerdos de hace años. Yo tendría unos doce, y me vi tumbado en mi cama, escuchando los mismos ruidos que habría oído mi hija, los siseos y arañazos de un ser que se afanaba por salir de debajo de la cama.

Los monstruos no existen, dicen. Son cuentos para asustar a los niños y que se vayan a la cama, y se queden calladitos. ¡Ja! Tu y yo sabemos que existen, sobre todo los de debajo de la cama ¡vaya que sí¡ La cuestión es, ¿cómo deshacerse de ellos y evitar que te descuarticen, te desangren, te coman vivo?

El secreto lo descubrí hace años y tiene mucho que ver con la luz. Mientras tienes la luz encendida, leyendo un tebeo, estás a salvo. Cuando apagas la luz vienen ellos. Se agazapan debajo de la cama, en el rincón más oscuro… y aguardan. Aguardan a que te quedes dormido para saltar sobre ti, y entonces estás perdido.

Pero es tanto el temor que tienen a la luz que, por ese mismo terror a que enciendas la luz justo cuando están saliendo del oscuro cobijo, aguantan años y años… esperando su momento. Sí, lo descubrí hace tiempo. 

Entonces agarré una linterna que tenía preparada bajo la almohada, con la intención de encenderla bajo la cama, enfocando justo al rincón más oscuro donde sabía que estaba él.

Y justo en ese momento, se iniciaron las negociaciones.

— ¡Por favor, no enciendas! —

— Y tú, ¿qué harás a cambio? —

— No te atacaré, viviré contigo toda tu vida, como los otros. Pero no te atacaré. Te lo juro… Comeré pelusillas y los insectos que pueda atrapar. Por favor… no enciendas la linterna… —

Ahora comprendo que no puedo estar el resto de mi vida pendiente de la palabra de un monstruo hambriento. Ya ha esperado demasiado y no puede esperar más. Ha de tomarse una determinación urgentemente, hoy mismo, ahora mismo.

Y esta es mi decisión.

Encendí la luz para evitar un ataque desesperado (estará ahí quieto, en el rincón oscuro, sin poder moverse a otro sitio más seguro), cogí una cámara de fotos, puse pilas nuevas y ajusté en el menú la opción de flash forzado y disparo continuo, apagué la luz…

— Por favor, no lo ha… — clac, clac, clac ¡¡ FLASH !!

lunes, 9 de diciembre de 2019

el reposo del guerrero

Escucha 'el reposo del guerrero' en ivoox

En el año 2008 Raul Salcines presentó este relato, El reposo del guerrero, y fue declarado Finalista en la categoría Fantasía del I Certamen Monstruos de la Razón. Publicado en agosto de 2009 en un libro que recopila en tres categorías: terror, ciencia ficción y fantasía tres docenas de relatos breves.


Se detuvo ante la puerta, dubitativo. Siempre le costaba entrar en estos sitios, pero la lluvia constante y los cada vez más cercanos fogonazos de los relámpagos le ayudaron a decidirse esta vez. Empujó la pesada hoja de madera y recibió en la cara, como un bofetón, toda una amalgama de sensaciones: el olor de los guisos, el tintineo de las jarras, el ruido de las conversaciones, el calor de la chimenea, el sofocante humo…

Con paso firme se adentró en la sala principal de la taberna, buscando un sitio libre. No podía decirse que estuviera abarrotada, pero sí que la mayor parte de las mesas estaban completas. No obstante tuvo suerte, ya que se apercibió de un lugar libre en la barra. Hacia allí se dirigió, sorteando parroquianos. Algunos le dirigían un vistazo curioso, otros arrogante y unos pocos temeroso. A todos respondió con su mirada más fiera, haciéndoles bajar los ojos, amedrentados.

Su ropa estaba calada, y el frío se le había metido en los huesos. Una jarra de revientatripas sería ideal para entrar en calor, así que se la pidió al tabernero cuando éste se dignó a dirigirse a él.

El efecto del primer trago fue tan brutal como siempre. La bebida se abría paso en su interior, abrasándolo todo, haciéndole boquear por la falta de costumbre. Pero después los rescoldos calentaron su viejo cuerpo. Era agradable. Bebía en silencio, sin levantar la mirada de la jarra. ¿Para qué? Ya sabía lo que había detrás de él. Podía sentir los ojos de la gente clavados en su fornida espalda.

Levantó la cabeza con sorpresa. ¿Revientatripas? Fue entonces cuando se dio cuenta de que el asiento libre a su izquierda había sido ocupado. Miró de reojo a su vecino y dio un respingo. Piel de color verde, casi gris por lo macilenta; cara porcina, con ojos pequeños hundidos bajo la prominente frente y el cabello hirsuto; colmillos amarillentos sobresaliendo por entre los labios entreabiertos; brazos musculosos, cubiertos de pelo espeso y negro, con manos como palas, de dedos fuertes. Un orco al fin y al cabo.

Una mirada un poco más detenida reveló los arreos de guerra, cota de malla, cuchillo al cinto, hacha a la espalda. Lo habitual.

Suspiró. ¿Qué puedo perder?

— Una noche de perros, ¿eh? — comentó en tono casual.

Un respingo. Vaya sorpresa, alguien hablaba cerca de él. Removió el brebaje en su jarra, reacio. Una nueva burla. Esto acabará mal de todas, todas, así que por qué no hacer frente. Giró la cabeza para calar al humano. Nariz recta, frente despejada, piel bronceada por el sol, cabello negro hasta los hombros y ojos azules como el cielo… o como el hielo. Sin duda era fornido, pero la piel de sus manos parecía suave en el dorso, si bien apreció que en la palma era más gruesa, seguramente por el roce del cuero y de la empuñadura de sus armas. Una daga pendía en un costado, de buena manufactura; a la espalda, un espadón de buen acero.

Suspiró. Vamos a probar.

— O de orcos —dijo, esbozando una sonrisa que más bien era una mueca en su rostro bestial.

Un momento de vacilación. Después, inesperadamente, ambos rieron la broma. Una risa franca la del hombre, gutural y profunda la del orco. Se miraron, los ojos amarillos del orco y la mirada azul del hombre. Éste levantó su copa, asintiendo con la cabeza. Tras un momento, el orco hizo lo mismo.

— No sé cómo puedes beber eso — hizo un gesto indicando la jarra.

— No está tan mal, si te acostumbras. ¿Un trago? —

Deslizó el recipiente en dirección al hombre que, dubitativo, lo tomó en sus manos. Dirigió una mirada al orco, enarcando una ceja y después, casi sin pensar, mojó los labios en el licor bebiendo una pequeña cantidad. Aquello fue sin embargo suficiente para que sucumbiera a un irresistible ataque de tos. Los ojos se le empañaron de lágrimas y su cara se tiñó de un intenso color rojo. El orco le palmeó con firmeza la espalda, para ayudarle a pasar el mal rato.

— Pues no es tan fuerte — dijo con apenas un hilo de voz.

Rieron otra vez, con más ganas. Se relajaron, como quizá no lo hubieran hecho nunca antes. Y comenzaron una conversación que se prolongó durante horas.

Se presentaron, enunciando sus hazañas y las de sus clanes respectivos. Hicieron chanzas riéndose de sí mismos, como la dificultado que tienen los orcos para moverse furtivamente con esas pesadas botas de hierro. Son útiles, sí, para patear algunos culos o abrir alguna puerta de vez en cuando, pero por lo general son más un engorro que otra cosa.

El tiempo y las consumiciones discurrían con tranquilidad. A medida que el alcohol hacía efecto, las conversaciones fueron haciéndose más profundas. En particular, la discusión sobre si las mujeres de los enanos tenían o no barba se prolongó largamente. Incluso pareció en algún momento que iban a llegar a las manos, pero las risas relajaban invariablemente el ambiente.

Clareaba ya el día. Parecía que la lluvia no iba a hacer acto de presencia. Ellos se sumieron entonces en un mutismo, retrayéndose otra vez a su jarra de bebida.

— Bueno, va siendo hora de reincorporarme a mi puesto — dijo el orco con voz bebida.

El otro asintió.

— Yo también. — hizo una pausa, como sopesando las palabras. — ¿Qué tal si te acompaño un trecho? —

Apoyándose el uno en el otro salieron de la taberna que, a estas alturas, estaba vacía. Hablaban en susurros y, de vez en cuando se les escapaba alguna risilla floja.

De esta guisa llegaron a la puerta y salieron al exterior. El suelo estaba húmedo, pero el cielo parecía despejado. Sería un día agradable, cálido y soleado.

Con paso vacilante descendieron por el camino un trecho largo. Cantaron canciones de sus pueblos y rieron despreocupadamente. Llegados a un descampado se detuvieron, estrechándose las manos con fuerza y deseándose suerte. Después se dieron la espalda, dirigiéndose cada uno a tomar su posición en su ejército. Sin duda, sería un día agradable para morir.

Reseña del libro:
TITULO: Monstruos de la razón I
Editorial: SACO DE HUESOS
ISBN: 978-8493745714

El relato El reposo del guerrero pertenece a Raúl Salcines, y lo publico aquí con el consentimiento del autor.

domingo, 8 de diciembre de 2019

buena niña

Escucha 'buena niña' en ivoox

Ayer, al irnos a acostar, le dije a mi hija pequeña Cristina que me tenía que contar un cuento, en justa compensación a los muchos que yo la había contado en otras noches a ella.

Alegando que estaba cansada y que no se le ocurría nada intenté ayudarla comenzando uno para ir construyéndolo sobre la marcha, entre los dos. Dije así:

Erase una niña pequeña, parecida a tí, que iba caminando por un sendero del bosque, recogiendo flores en una cesta de mimbre para adornar la casa de su mamá. Era una niña muy buena y muy obediente.

Al cabo de un rato oyó una débil voz en la distancia, quejidos y sollozos. Fuese acercando en silencio a los ruidos por curiosidad para ver qué pasaba.

A los pocos metros, casi pasó de largo, encontró un pequeño duendecillo de color verde, sentado junto a las raíces de un árbol, que lloraba desconsoladamente, se echaba las manos a la cabeza y con su débil vocecilla decía:

– Qué desgraciado soy, ay, ay, ay!

La niña buena, preocupada por el dolor del duendecito, se acercó un poco más.

– ¿Por qué lloras, duendecillo verde? ¿Acaso te has perdido en este oscuro bosque y no sabes regresar con tu mamá? ¿Quieres que te ayude a encontrala? ¿Tienes miedo que se haga de noche? … Anda, por favor, no llores más que yo voy a cuidar de tí. – dijo la generosa niñita.

El duendecillo, interrumpiendo los quejidos y los sollozos, levantó su pequeña cabecita hacia los ojos de la niña y dijo así:

– Oye, tu, so niñata! Vete a la mierda! Sigue tu cámino y métete en tus asuntos! Hala, que corra el aire! No te j.. la coño cría de los co.. Ala, a tomar por…

(Aquí la atención de Cristina se aguzó bruscamente y entre risas acabamos el cuento de forma un tanto inusual)

La niña, herida en su orgullo, no se lo pensó dos veces y le replicó:

– Pero habrase visto aquí al nomo maleducado… Mecagoenlamadrequeteparió, socabrón… te voy a enseñar modales, bicho verde asqueroso!!!

Y entre estas y otras imprecaciones levantó su pie derecho y, sin pensárselo dos veces, con aquellas pesadas botas de agua que le gustaba calzar cuando iba al bosque, le pegó tal pisotón que espachurró las tripas del pobre duendecillo con un sonido algo como splasch crunch.

– y ahora, por tu culpa tendré que limpiarme las botas…

A partir de aquí todo fueron risas y alboroto.

Esto demuestra dos cosas:

1. los niños prefieren cuentos con palabros prohibidos como pedo, caca, caraculo, estimula su atención y su interés. En este caso, a mayor edad, mayor peso de los palabros.

2. en ocasiones, cuando intentes ayudar a alguien que lo está pasando mal, no recibirás más que desagradecimiento, descortesía e insultos, por lo tanto estate alerta por si tienes que aplastarle la tripa antes de que intente morderte.

sábado, 7 de diciembre de 2019

mi crebero hcae csoas raars !

Slóo prseoans epxertas cnsoiugen leer etso?

Yo no cnogsíeua pensr que relmante pídoa etndeer lo que etbsaa lnyedo.

El pdoer fdamuetanl de la mntee huamana, de aercudo con una invtesaigicón de la Unvireisadd de Cmabrigde, no ipmrota el odren en que las lteras etsén en una plabara,la úcina csoa ipmotratne es que la piremra y la últimla ltreas etsen en el lguar crotreco. El rseto pduee etaser en ttaol eniredo y tú aún pdorás leer sin pemrolba. Etso es pruqoe la mtene haunma no lee cdaa lreta idnvidailuemtne, snio que tmoa la pbrlaaa cmoo un tdoo.

Ipemsrinaonte?

Y yo que smirepe psené que el odern era ipmorantte!
Si pdues leer etso flecitacioenis !!

Cerebro: parte superior y más voluminosa del encéfalo, constituida por una masa de tejido nervioso y que se ocupa de las funciones cognitivas y emotivas y del control de actividades vitales como los movimientos, el sueño, el hambre, etc. [RAE]
Y no sólo en esñopal…

Sleon une édtue de l’Uvinertisé de Cmabrigde, l’odrre des ltteers dnas un mtos n’a pas d’ipmrotncae, la suele coshe ipmrotnate est que la pmeirère et la drenèire soit à la bnnoe pclae. Le rsete peut êrte dnas un dsérorde ttoal et vuos puoevz tujoruos lrie snas porlblème. C’est prace que le creaveu hmauin ne lit pas chuaqe ltetre elle-mmêe, mias le mot cmome un tuot.

Aoccdrnig to a rscheearch at Cmabrigde Uinervtisy, it deosn’t mttaer in waht oredr the ltteers in a wrod are, the olny iprmoetnt tihng is taht the frist and lsat ltteer be at the rghit pclae. The rset can be a toatl mses and you can sitll raed it wouthit porbelm. Tihs is bcuseae the huamn mnid deos not raed ervey lteter by istlef, but the wrod as a wlohe.

Ncah enier nueen Sutide, die uetnr aerdnem von der Cmabirdge Uinertvisy dührruchgeft wrdoen sien slol, ist es eagl, in wlehcer Rehenifloge Bcuhstbaen in eneim Wrot sethen, Huaptschae, der esrte und ltzete Bcuhstbae snid an der rhcitgien Setlle. Die rsetclhien Bshcuteban kenönn ttoal druchenianedr sien, und man knan es tortzedm onhe Poreblme lseen, wiel das mneschilhce Gherin nhcit jdeen Bcuhstbaen enizlen leist, snodren das Wrot als gnazes.

Más info:
Compruébalo tu mismo con tus propios textos aquí:

viernes, 6 de diciembre de 2019

el ángel caído

Escucha 'el ángel caído' en ivoox


A primera hora de la mañana alcanzamos la otra orilla del Estigia. Me despedí de Caronte con cortesía pero sin excesiva efusión, no había cruzado una sola palabra conmigo en todo el viaje. El viejo sólo había mostrado un atisbo de interés cuando puse sobre sus agrietadas manos de barquero eterno, las dos monedas estipuladas, una de oro y otra de plata. Atisbé un brillo en sus ojos oscuros como la muerte cuando la moneda de oro tocó su piel. Guardó las monedas en su bolsa, sujeta con cordones a su oronda barriga.

Un breve paseo por una avenida flanqueada de bellas estatuas de mármol me condujo a las oficinas principales del Hades. Un brillo cegador, muy acogedor, lo envolvía todo y lo llenaba de paz. La ventanilla de información, al fondo del hall. El reloj que presidía el centro geométrico de la enorme cúpula de luz parecía flotar suspendido de un cordón invisible desde el cenit de aquel mundo. Marcaba las 8:05.

- Buenos días… - empecé dubitativo, el funcionario tenía la cabeza baja, una visera de plástico color verde esmeralda le daba sombra a sus ojos invisibles y le protegía del resplandor omnipresente, mientras que con una especie de sello de color verde golpeaba, primero un tampón muy usado, después lo estrellaba con estruendo en una pila de papeles… bing bang, bing bang… una y otra vez.

- Llega usted tarde - dijo sin levantar siquiera la vista.

- El Estigia estaba algo revuelto y…-

- La misma excusa una y otra vez. ¡A ver, papeles! -

- Sí, aquí está todo - extendí los documentos, girados hacia él para ahorrarle la molestia de darles la vuelta. No agradeció el gesto y me los arrebató de la mano con cierto desdén. Consultó los documentos, contrastó la información en un vetusto monitor. Tomó un sello de color rojo sangre - bing bang -

- Sellado, pase con este certificado a la oficina de ingresos allá, al fondo. Allí le informarán del siguiente paso. Dese prisa, llega usted tarde.

- Gracias, que tenga usted buen… - bing, bang, bing, bang - continuó con el sello de color verde.


Eché un fugaz vistazo a los papeles mientras me dirigía a la oficina de ingresos. El sello impreso en mis documentos rezumaba una tinta muy roja, como sangre. La gravedad deslizó una gota espesa hacia el borde inferior, se quedó un momento sujeta debido a la tensión superficial, pero acabó cayendo al piso, inmaculadamente blanco - splash - Curiosa acústica tiene esta estancia. Me ha parecido oir el sonido de la gota al estrellarse en el suelo.

- Paparruchas, serán figuraciones mías - Pero me extrañó tanto que otros viajeros girasen la cabeza al unísono, en mi dirección. Luego, al continuar avanzando, noté claramente cómo el personal se apartaba a mi paso… ¡me estaban evitando! Me puse nervioso y entré en la oficina de ingresos sin llamar a la puerta, sin pedir permiso, turbado.

- Eh, usted, pase por aquí. Le estoy esperando desde hace tiempo. Llega tarde ¿sabe?

- Bueno, si, es que… Me arrebató el certificado antes incluso de hacer el gesto de extendérselo. Le echó una rápida ojeada muy profesional. Enarcó las cejas.

- Vaya. Mala suerte. Rechazado. Es el primero de hoy. En fin.

- ¿Cómo rechazado? ¿Qué dice usted? ¿Dónde pone eso?. Acabo de mirarlo y no he visto nada de… Giró el documento y lo plantó delante de mis ojos. Una palabra en rojo sangre coagulada cruzaba diagonalmente, de abajo arriba, un folio ajado y amarillo como de cien mil años de antigüedad. Decía claramente INFIERNO.

- Pero, pero vamos a ver hombre. Aquí tiene que haber un error…

- Oiga, listillo ¿está usted sugiriendo que nos hemos equivocado?

- Por supuesto que se han equivocado. He llevado una vida intachable hasta ayer mismo en que aquel cabrón se me echó encima y, no contento con llevarse todo lo que tenía, me clavó aquella navaja que parecía una espada…

- Bueno, señor, le sugiero que se calme o me veré obligado a avisar a los de seguridad…

- Por mí puede usted llamar a su madre si lo desea. Exijo hablar con su superior ahora mismo. No me voy a mover de aquí hasta que alguien me explique qué es esta broma…

Sólo ví el gesto del funcionario, levantando la mano por encima de la cabeza, chascó los dedos, luego… Luego todo está confuso y atropellado en mi dolorida cabeza. Dos jabatos blandiendo sendas porras, como la espada del ángel exterminador, viniendo hacia mí. Pim, pam. Dolor. Oscuridad. Cada uno me agarraba de un brazo y sin ninguna consideración me llevaron arrastras hacia una puerta roja. 

A medio camino me crucé con un joven que llevaba un flamante papel de color verde claro. Supe sin mirarlo que aquel papel ponía CIELO, en grandes letras de color verde, cruzando en diagonal…

- ¡Un momento! ¡Es ese! ¡Ese es el que me clavó ayer un puñal como un machete de grande! ¡Eh, cabrón, ven aquí! ¡Esto es un error! ¡Estáis equivocados! ¡Esperad, esperad os digo!.

Dos porrazos más, una luxación en el hombro, y un fuerte dolor de riñones acabaron con la poca lucidez que me quedaba. La última vez que levanté mis pesados párpados pude ver claramente a mi atacante, levantando el dedo corazón en la distancia. Cuando volví a girar la vista, el macho cabrío, que ambulaba bípedo a mi encuentro, obscenamente desnudo, sonreía arcanamente

- Así que usted Angel de Paz, ¿eh?. Tenga la bondad de acompañarme. Por aquí, por favor, a la sala de torturas. ¿Es usted virgen, quizá?

maria salcines




María Salcines ha tenido, desde muy pequeña, una personalidad muy independiente. Ha hecho siempre lo que le ha dado la gana.

De niña, curiosa y exploradora, soltándote la mano para literalmente perderse por el paseo de San Lorenzo caminando sin rumbo y sin miedo, siempre hacia delante, hablando con lengua de trapo con las personas que se le cruzan, con cualquiera. Acariciando (agarrando contra su voluntad mejor dicho) a gatos, perros, conejos, lagartijas, mariquitas y cualquier otro bicho que osase ponerse  cerca. Cuestionándolo todo y a todos.

Esa frescura y esa independencia que la han llevado lejos del entorno cercano familiar, a buscar su futuro en la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Alcoi, donde ha estudiado Ilustración y después, más ambiciosa, acabará Diseño Gráfico.

Puedes seguir su trabajo en https://instagram.com/jet_kadett

Con esa empatía que la caracteriza ha sabido rodearse de buenos amigos, algunos de los cuales también míos (no sé si por respeto o por pena). Variopintos amigos, no importando raza, sexo ni religión, como debe ser.


Ella ha sido la culpable de mi afición obsesiva por la caligrafía, un hobby que ha ocupado casi la totalidad de mi tiempo libre desde hace casi dos años. Desde unas navidades que apareció con un cartapacio lleno de ejercicios de caligrafía.

Y ahora su familia, esperamos sus esporádicas visitas con ilusión.



Nos estamos haciendo mayores...




Agradecimientos
Mi más absoluta gratitud a Diamar Artés, fotógrafa profesional y diseñadora gráfica de Gandía, que ha permitido muy amablemente el uso de esta fotografía de su propiedad para ilustrar este post.

Puedes (debes) seguir su trabajo en

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instagram https://www.instagram.com/diamarartesfoto

y en twitter, behance, linkedin... a poco que busques en Google.

historias de Iramar


Historias de Iramar es el blog de Raúl.

En él encontrarás reseñas de libros, de cine, de fantasía y terror, desde 2009.

Ya ha escrito, ya.

Le han publicado dos relatos cortos, El reposo del guerrero y Liebe Kitty. Endiabladamente buenos. Si tuviese buena mano me gustaría dibujar un cómic del primero, el cual recientemente transcribí con una pluma paralela en letra gótica textura quadrata, la más sobria de entre las góticas.

Es ingenioso, agudo, mordaz. Algunas entradas despiertan vivas pasiones, sus más de 8000 visitas le avalan.

Bueno, parece que le ha cogido gusto a esto del blog, está publicando otro sobre baloncesto al que ha titulado Veinticuatro segundos. No me interesa para nada el baloncesto, así que no le sigo. No entiendo nada de lo que escribe... pero muchos otros sí.

Su currículum como escritor es envidiable:

Quinto clasificado: IV Certamen Hislibris de relato histórico 2012 (Liebe Kitty)

Finalista (Fantasía): I Certamen Monstruos de la Razón 2008 (El reposo del guerrero)

Mención especial del jurado: Concurso de relatos Elfenómeno 2005 (Un claro en Arthedain)

jueves, 5 de diciembre de 2019

el camaleón




Un espermatozoide del Sr. Bauchmann ganó la frenética carrera, tras subir por el útero de la Sra. Bauchmann, fertilizando aquel único óvulo que brillaba en la distancia como lo hizo el faro de Alejandría hace más de 2000 años. El cigoto, en progresión geométrica, ha ido creciendo y haciendo las cosas normales que suelen hacer los cigotos, dividirse.

La Sra. Bauchmann compró un test de embarazo en la farmacia cercana a su domicilio y confirmó su estado. En las semanas posteriores, los cambios en su cuerpo, las nauseas matutinas, cambios significativos en la percepción de olores y otras pequeñas molestias fueron acompañándola durante la
gestación del esperado y deseado pequeño Herbert.

En la semana doce del embarazo los Bauchmann han acudido al  ginecólogo para llevar a cabo la primera ecografía. La Sra. Bauchmann está un poco nerviosa. Es lógico, es su primer hijo.

El Dr. Steiner ha sido muy amable en todo momento, explicando al matrimonio todo lo relacionado con la sesión ecográfica con todo lujo de detalles. Al Dr. Steiner le ha llevado bastante más tiempo de lo normal localizar al feto

— ¿Dónde te escondes, pequeño Bauchmann? Ah, aquí estás—

El Dr. Steiner no ha hecho más comentarios para no alarmar innecesariamente al joven matrimonio.

Durante interminables minutos ha estado ajustando una y otra vez el aparato, ha tenido incluso que resetearlo, porque no encontraba el feto. De pronto, como por arte de magia, ha aparecido en la pantalla. Sin más.
... Todos los órganos se encuentran formados y, de ahí en adelante, sólo deberán perfeccionarse. La placenta funciona perfectamente, uniendo al feto con la madre. El  feto aumenta su resistencia contra agentes agresores...
Wikipedia
Lo mismo ha sucedido en la segunda ecografía a las 20 semanas. Y también en la de las 35 semanas, aunque en menor medida. El feto ya es grande y estas veces han sido zonas del bebé las que parecían desvanecerse ante las narices del asombrado doctor, para volver a reaparecer al momento.

No es un fallo del instrumento, ya lo ha mandado revisar y el técnico de Hitachi no ha encontrado ningún malfuncionamiento, en absoluto.

El bebé ha nacido tras un parto fácil. Todo ha ido muy bien. Ha pesado 3 kilos 800 gramos. Un varón sano y fuerte. La carga genética del Sr. Bauchmann es evidente.

La enfermera Jana, del  turno de noche, no ha anotado ni comunicado a nadie una incidencia, cuanto menos, asombrosa: el bebé ha desaparecido por un instante. Cuando la enfermera se ha acercado apresurada a la cuna... estaba allí. La enfermera Jana ha pensado que quizá el cansancio y la rutina le han jugado una mala pasada.

***
Herbert Bauchmann cumple mañana 100 años. En la cama de la habitación 202 del Hospital Universitario en Berlin, Herbert lucha contra la muerte en una batalla que sabe perdida de antemano. Pero aun así lucha por el placer de llevar la contraria a la Muerte, que se obstina por llevárselo.
Han sido casi 100 intensos años. Herbert lleva unas horas haciendo balance mental de su larga vida. El instinto le enseñó a ocultar el don los primeros años de su vida. Y fue durante su adolescencia cuando aprendió a cultivarlo, a dominarlo, a amplificarlo a voluntad.
Herbert lleva 777 individuos asesinados limpiamente en Berlín. Elije una víctima al azar, aprovecha su capacidad de mimetizarse y la sigue hasta un lugar seguro, donde la “termina”. En muchas ocasiones una cámara de seguridad ha grabado cómo alguna de estas víctimas cae fulminada al suelo, pero nada más.

— Komm, Herbert, Ich sehe Sie —

ha dicho la Muerte

— Alles Gute zum Geburtstag.

the ship

Escucha the ship en ivoox


Llevo casi tres días escondido tras unos bultos con cueros en la sentina de carga del HSS Pride. El olor de las aguas estancadas sin achicar que empapan mis pies es nauseabundo. El acre olor de los cueros en fermentación es peor.

Me llamo Jebediah S. Shellby y soy el capitán de este barco maldito, único superviviente de una tripulación de 150 hombres, junto con mi segundo de abordo, el señor Smith.

El señor Smith ha sido listo y rápido, sobre todo rápido, y se ha hecho con una pistola y suficiente munición para aguantar vendiendo cara su vida. Me gustaría que fuese mi mano la que sujeta esa pistola y me bastaría una única bala para quitarme la mía.

El señor Smith está atrincherado en el puente de mando. Hasta hace unas horas he oído claramente sus blasfemias y varios disparos pero hace ya un tiempo que el silencio es absoluto, a excepción del rumor del agua contra los costados del barco ¿o son los pequeños ruidos de ellos, intentando ocultarse para debilitar mi voluntad y que me asome a cubierta?

Ni las ratas se mueven, están juntas al otro lado, en compacta comunidad, no emiten un sólo chillido. Qué listas son, cómo huelen la muerte.

El hambre y sobre todo la sed son superiores a mi miedo. Levanto mi culo sajón mojado y maloliente y me armo de la poca dignidad que me queda, decidido a llegar al puente, hacerme con la pistola del Sr. Smith y acabar con todo esto.

Aprovechando la noche me he ido arrastrando por estas sucias tablas, buscando los rincones más oscuros de esta negrura total y he conseguido llegar al puente. Algunos de la tripulación siguen buscándome, aprovechando la noche como yo, pero la suerte me ha sido propicia, no me he cruzado con ellos.

La extraña enfermedad se declaró hace ya dos semanas y acabó de forma muy desagradable en sólo unas horas con gran parte de la tripulación. Sólo queda un puñado que no creo que llegue ni a cinco de ellos que, por motivos que no acierto a comprender, se resisten a abandonar este mundo de los vivos.

El problema es que, a falta de alimentos, han decidido unir sus fuerzas y atacan como en manada a todo el que encuentran más sano que ellos, y se lo comen. El Sr. Smith y yo mismo somos los últimos y nos buscan de forma desesperada.

Reuniendo las últimas fuerzas me descuelgo por la borda hasta las ventanas del puente de mando. Golpeando de forma imperceptible los cristales clinc clinc clinc

- Sr. Smith, ¡ábrame, por su vida! …

 … – Sr. Smith, soy yo. No estoy contagiado, se lo aseguro. ¡Abra!

Se abre de repente la ventana y aparece la gorda y preocupada cara del Sr. Smith justo detrás del cañón de una pistola Christopher Bradley & Sons de una pulgada de ánima, capaz de volar la cabeza de un individuo a 30 pasos sin dejar restos.

- Ssshh Pero baje la voz, capitán. Está usted loco.

- Pues claro que estoy loco, maldito bastardo. Cómo voy a estar cuerdo después de lo que ha pasado. Apártese y déjeme entrar, y deme esa pistola, pedazo de bestia, si no quiere que le arranque la piel a tiras.

Minutos después, reconfortado por un poco de agua y algunos restos de carne seca que escondía obstinadamente el Sr. Smith sin intención de compartir, hasta que ha cedido después de casi abrirle la cabeza a culatazos.

Lamentablemente, la lucha y la posterior agonía del Sr. Smith ha atraído la atención de la jauría y están aporreando la puerta, esta vez ayudados con un buen trozo de viga a modo de ariete. No resistirá mucho más.

Al fondo de la habitación, esperando el momento final, apunto la boca del C. B. & Sons contra mi sien, rogando al buen dios que no tiemble mi mano cuando en el momento final haya de quitarme la vida con el honor que debo a mi apellido. Ningún S. Shellby ha muerto con deshonor desde que se recoge el árbol genealógico de mi estirpe y no voy a ser el primero.

Ya han echado abajo la puerta y, tras un instante de incredulidad, se me echan encima, espumarando por la boca como olas en los rompientes de Dover, rabiosos de sed y de hambre de sangre. Con una sonrisa de desprecio infinito aguardo hasta el último instante, cuando ya casi me han echado mano, y aprieto triunfante el disparador.

Maldito seas por siempre, Smith… has gastado todas las balas.