miércoles, 1 de abril de 2020

fuerza y honor

El próximo sábado 20 de octubre hará 11 años (ya) que nos dejó uno de los personajes más cautivadores de la historia de la radio en España; y no sólo de la radio porque el amigo Juan Antonio Cebrián también nos ha dejado unos cuántos libros para leer, y para ilustrarnos de la forma más amena en las apasionantes complejidades de la historia.


Echo de menos las noches de su última etapa radiofónica, "La rosa de los vientos"; ningún otro programa de la radio me ha vuelto a atraer tanto como aquel. Echo de menos su voz, como la de un amigo al otro lado de la radio, un amigo con la cabeza llena de datos, de anécdotas, de Pasajes de la Historia que no me canso de oir, Abderramán, Gonzalo Fernández de Córdoba el Gran Capitán, Roma, Esparta, Grecia, Atila, Alejandro, Napoleón, La sábana santa... compiladas pacientemente por sus seguidores en mp3 que guardo como las joyas de la corona.

En la canción Gaia, de Mago de Oz, escucharás esa voz solemne, que pone los pelos de punta, recitando el Salmo 22, creo que uno de los mejores textos de toda la Biblia, que resume la certeza de una vida eterna, más allá de la muerte.
El Señor es mi pastor, nada me falta

en verdes praderas me hace recostar;

me conduce hacia fuentes tranquilas

y repara mis fuerzas

Me guía por el sendero justo,

por el honor de su nombre.

Aunque camine por cañadas oscuras,

nada temo, porque tú vas conmigo:

tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas una mesa ante mí,

enfrente de mis enemigos;

me unges la cabeza con perfume,

y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan

todos los días de mi vida,

y habitaré en la casa del Señor

por años sin término

Y creo firmemente que cuando llegue el momento y haya que partir de este valle de lágrimas, el amigo Cebrián estará esperando al otro lado del túnel, junto a los abuelos, a los familiares y amigos que me precedieron, pendientes de que mi pobre alma no se pierda en el viaje.

Descansa en paz, amigo Cebrián, que tenías el poder de hacer amigo tuyo a todo el que te escuchaba, sin ni siquiera conocerte.
...este que os acompaña, como siempre, encantado y feliz como una lombriz, vuestro amigo y compañero
Juan Antonio Cebrián

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